domingo, 11 de noviembre de 2007

Turistas y mosquitos



El viernes es el día sagrado de los musulmanes. Y en Pemba se nota. Hubo alguna persona que ese día me saludó con un “Salam!” extendiéndome la mano para el pago del diezmo. Aquí hay una mayor influencia islámica. Y también hindú. Este es un lugar donde la mixtura de culturas y religiones se vive con aparente naturalidad. Al menos con mayor naturalidad que la progresiva llegada del turismo. Según Avelino, un compañero de trabajo de Edna, “es preocupante el impacto turístico. Si voy a comprar un kilo de fruta me cobran 20 meticais. Si luego va un turista blanco le cobran 35. Y a partir de entonces suben los precios. O pueden tener la mercancía pero no me la venden a la espera de que llegue el turista, el blanco”.

En todos los lugares del tercer mundo que he conocido con turismo se forma un gueto de visitantes con cámara de fotos al cuello y pantalón corto que determina una relación con la población local digna de estudio. Hay de todo. Están los que vienen con curiosidad, con ganas de ver, de escuchar, de aprender. Están los “Coronel Tapiocas” que vienen a poner una muesca más a su lista de “aventuras” a contar. Los que ven su viaje exclusivamente a través del visor de su cámara. Los que buscan sexo. Los que huyen del atosigamiento diario que provoca la monotonía en las ciudades de la metrópoli. Los pelmazos y los encantadores. Los que no paran de dar consejos y los que preguntan. Los que les importa un huevo la población local y los que hablan respetuosamente con ella. De todo. Y Pemba no es una excepción. Aquí el turismo está comenzando. Por ejemplo, existe en una playa un complejo hotelero de precios desorbitados que en la práctica es una ciudadela en la que mayoritariamente están los extranjeros que cuando se van no tienen ni idea de cómo es Pemba. Parte de la población local deambula alrededor en busca de dólares. Sin embargo, en el centro de la ciudad, en su zona antigua no se ven rubios.

¿Existe la posibilidad de equilibrar una fuente de riqueza como es el turismo con la mejora sostenible de las condiciones de la población local y sin su pérdida de dignidad? Hay intentos. Pero no es fácil.

Para comenzar, una cosa que podríamos hacer los señores visitantes es dejar los aires de superioridad en casa y venir a escuchar y ver sin hacer comparaciones. Sin prejuicios ni estereotipos. Venir disfrazados de niños que tienen curiosidad por todo y que todo les interesa. Tener el privilegio de viajar es una suerte que no merece la pena encerrarla en un complejo turístico.

Una compañera del trabajo de Edna cayó de malaria. Nosotros de momento seguíamos en forma, si exceptuamos mis achaques musculares producto de la sejuela. Así le dicen en Ecuador, sejuela, "se-jue-la" juventud y ya no vuelve.

Pero todo llegará. Yo nunca me he pillado una malaria, pero aquí todo el mundo ha recibido su visita. El día que me llegue os intentaré explicar lo mejor posible qué se siente. Me tocó hace un año y medio ser el enfermero de nuestro querido Mikel Essery que llegó de Tanzania con un paludismo cerebral. Y la verdad, es jodido. La tarde que se escapó del hospital para ver en la tele un partido de fútbol supe que estaba mejor.

A la noche nos fuimos a mirar los correos electrónicos. Hace mucha ilusión recibir noticias de los amigos, mucha. Y ahí fue que supimos que una pareja de amigos, colombiana ella y uruguayo él nos enviarán en febrero y “por el tiempo que la economía latinoamericana lo permita” a su hija Manuela. Nos hicieron la propuesta. Fue un orgullo que confiaran así en dos tarados como nosotros. ¿Cómo será tener a una jovencita de 13 años adoptada durante un tiempo en Mozambique? ¿Cómo será mezclar Colombia, Uruguay, Euskadi y Mozambique? La mixtura es salud, así que igual ahuyentamos al mosquito de la malaria.

1 comentario:

Natalia dijo...

Hola¡¡¡¡ como estan?????? Aca se nos está viniendo el calor, cada vez mas pesado el ambiente.
Me siento tan afortunada de poder ir, y especialmente de tener unos amigos vascos tan lindos como ustedes dos.
Los extrañamos muuuuucho.
Besos
Manú