domingo, 11 de noviembre de 2007

Fin de semana


Y llegó el primer fin de semana. Conseguimos encauzar algunos asuntos que teníamos pendientes de resolver para poder instalarnos en este lugar con condiciones. Primero la casa. Nuestro ángel de la guarda fue un tocayo español que trabaja hace años aquí en la cooperación. Nos puso en contacto con un italiano arquitecto alérgico a la jubilación que tenía una casa para alquilar por cuatrocientos dólares. Nos la mostró. Una cocina sin equipar, un baño, un cuarto con una cama grande y un armario y una sala desde donde se ve el mar. Perfecto. Nos la quedamos. La limpiará y para el martes nos mudamos.

Ese mismo día, los padres y la abuela de Edna vuelan a Buenos Aires a conocer a la nieta que nacerá a primeros de diciembre. Julen, su hermano vive allí con Gabi. Está claro que el sur tira.

El otro asunto que comenzó a solventarse es la conexión a Internet. Quedé con mi tocayo (lo llamaré así porque somos demasiados Carlos) en que el lunes a las 7 de la mañana me esperaba en su oficina para conectarme y poder trabajar. Casi me tiré a sus brazos de la emoción.

Este sitio es curioso. Pemba es la capital de una provincia con una notable influencia musulmana e indú. Es fácil saludarse con la gente. No tanto comunicarse. Al menos no aún. Me faltan datos, desconozco el idioma, estoy pendiente de aprender algo de su historia. Mi tocayo dijo algo que me gustó “lo que necesitamos es antropólogos que nos ayuden a entender las realidades culturales de este país. Yo llevo diez años aquí y cada vez sé menos”.

Edna se bañó por primera vez en el Mar Índico. Es una sirena. Ve un charco y se tira. A mí alguna medusa me convenció que lo dejase para otra vez.

Y a la noche decidimos cenar en la terraza de un restaurante italiano que hay más allá de la playa. Fue el primer lujo que nos pegamos. No por las pizzas, sino por la bóveda estrellada y el sonido del mar

El domingo todo estaba cerrado y fue imposible desayunar. Caminamos por la parte colonial de la localidad, Paquetequete. Los treinta años de guerras y el posterior abandono urbanístico han dejado esta ciudad hecha un guiñapo. La basura y la nula rehabilitación no hacen agradable el paseo. Pero está el contorno y hay niñas como Mamí, Marion, Selma y Sabiri, de entre 6 y 9 años que nos siguieron parte del trayecto entre risas gritonas y juerga bailarina. Les pedí permiso para sacarles una foto pero Sabiri no quería. La reglas estaban claras.

Nos acercamos al puerto y vimos cómo manejaban las redes para sacar “os peixes”. Un grupo tiraba de un lado. Otro del otro lado y en el fondo 4 muchachos con gafas de snorkel dirigían la operación. Al salir a la orilla la muchachada en pleno se abalanzó a por todo lo que había dentro.

El calor apretaba y decidimos ir a comer a la playa. Dos horas después nos trajeron un pescado regular. Nos fuimos a ver la puesta de sol. Aquí amanece y anochece a las 5 y media.

Para terminar el día vimos el informativo nacional de televisión mozambicana. Abrió con la noticia de una pareja que según se estaba casando, ella comenzó a tener dolores de parto. Todos al hospital y entre contracción y contracción concluyó el “sí, quiero”. Cuando el periodista le preguntó a la novia porqué no se había interrumpido la boda para después del parto en lugar de hacerlo todo al mismo tiempo, respondió “para no defraudar a los convidados”. Y le vino otra contracción.

Mientras tanto, las calles de Maputo celebraban los 120 años de su constitución.

5 comentarios:

Ana dijo...

Es extraño y hermoso seguirte a diario, es un poco como estar allí. Como verlo desde tus ojos, ojalá seamos capces de que veas por los nuestros lo que aquí va ocurriendo en vuestra ausencia. Por el momento nada nuevo, intentos de atentados, pateras, cumbres, jóvenes sin acceder a viviendas, sueldos y contratos basura... pero nadie se mueve. Yo, un lujo de vida, no por el dinero que manejo, sino por esa bóveda estrellada que rodea mi vida.

Aitor dijo...

Antes que nada, mandaros a los dos un abrazo desde este rincón del mundo del que habeis partido tantas veces a tantos lugares (unos geográficos otros interiores).

Me encanta la posibilidad de saber de vosotros y además tío, así vas entrenando el tema literario con esta bitácora africana.

Uno que ya va siendo experto en esto de tener buena gente repartida por el globo, no deja de sorprenderse de lo fácil que hace la vida la teconología bien usada... Lástima que los abrazos no quepan en un mail.

Pablo dijo...

Pues ya tienes un miembro más de tu club de fans en Bruselas! qué fácil es engancharse, tienes un estilo muy ameno y parece que uno está viendo las cosas que cuentas. Seguiré entrando en el blog con frecuencia. Siento no haber coincidido con vosotros en Sevilla...por poco! Un abrazo,
Pablo

cristina dijo...

Zorionak Karlos por tu club de fans, al cual me uno, junto con el resto de Sorgiñas del akelarre.
Eres un gran escuchador: de amigos, de extraños, de lugares..
muxu bihontzako

J dijo...

Noticias desde el sur de América:
Los aitas y la amoña ya están descansando placidamente en su nuevo hogar temporario de Buenos Aires.
Nosotros muy contentos con el reencuentro y disfrutando cada día de este blog que nos dice mucho de ustedes, de paso, aprovechamos para dar un paseito por África mientras esperamos la llegada de la viajera mas pequeña de la familia!
Les mandamos un besote grande a los dos.
Hasta prontito!!
Gabi y Julen