miércoles, 7 de noviembre de 2007

Aterrizaje



Al salir Edna y yo del avión el primer abrazo nos lo dio un calor tropical que me recordó a mi llegada a El Salvador, hace veintinueve años. El segundo fue el de Enrique, que nos esperaba en el aeropuerto con un cartelito para identificarse. Él me gana. Lleva treinta y cuatro años aquí, en Mozambique. Un niño se nos acercó para ayudarnos con las maletas y así cobrar una propina. Uno nunca sabe cómo actuar en esos casos. Recién llegado a un país en el que jamás has estado y que por supuesto aún no tienes ni un centavo de la moneda local. ¿Cuales son los códigos? En otros países en los que tampoco has estado quizá el cine te da pistas, pero ¿alguien ha visto alguna vez una película mozambicana? Enrique nos contó que los que llegan en noviembre se quedan mucho tiempo. Edna y yo nos miramos sonrientes.

El viaje a la casa de huéspedes donde nos alojamos fue también un viaje en el tiempo y de nuevo a Centroamérica. Los tugurios de los barrios pobres salvadoreños se repetían aquí con otros personajes y olores similares. Enrique manejaba el vehículo desde su asiento a la derecha. Yo desde el lado izquierdo, donde habitualmente en otros sitios está el volante, (aquí se conduce por la izquierda) miraba por la ventanilla sin prestar atención a cómo se hace para conducir "al revés". Las imágenes eran demasiado novedosas. Edna chapurreaba sus primeras palabras en portugués con una italiana que venía como voluntaria para una ONG y Cristina, otra italiana que lleva aquí dos años.

Una ducha que nos devolvió los reflejos fue el preámbulo a un almuerzo delicioso que Bemvinya y Carolina nos ofrecieron a base de sopa y un pescado llamado Zera, o algo así. A Edna no le dieron tregua, y después de descansar un rato ya tenía programada una reunión de trabajo.

Salí con un plano en la mano. Y resultó ser una tarde bastante leninista ya que lo que en primer lugar buscaba (una casa de cambio, un ciber y un local de teléfonos celulares) estaba todo en la Avenida Vladimir Lenine.

Aquí todo el mundo sonríe, incluído el logotipo de mCel, la principal proveedor de telefonía móvil. Ahí me explicaron que el chip (aquí llaman cartao) para el celular costaba 20 meticais (57 céntimos de euro) pero que no aceptaban dólares ni euros, y que a unas 6 o 7 cuadras, y siempre en la misma avenida encontraría una casa de cambio. Feliz me fui a cambiar, lo conseguí (200 dólares a 25.90 meticais). Llegué de nuevo a mCel y la misma amable mujer me instaló el cartao, me programó el teléfono y me cobró sin dejar de sonreír. Mi primera experiencia en Maputo era un éxito y sorprendentemente sencilla. En Lima, por ejemplo conseguir un chip para un móvil es lento y caro.

Me dijeron que Internet tenía en la Avenida Lenin con la Avenida Paulo Samuel Kankhomba. Eso estaba lejos así que me puse a caminar sin saber cómo hacer para que no se me notara en exceso que acababa de llegar al país. Cosa imposible. Caminé dejándome inundar de sensaciones, de olores e imágenes. Caminé despacio, sin prisa absorbiendo cuanto veía. Pregunté a un muchacho por el ciber café que me habían indicado. No sabía. Seguí caminando y escuché que llamaban con un chasquido, seguí y oí un segundo, me giré. Un policía me señalaba. Me acerqué recordando que en el bolsillo derecho tenía la fotocopia del pasaporte.

- ¿Si?
- Buenas tardes señor
- Hola buenas tardes
- ¿Usted está buscando un Internet?

Cómo supo el agente lo que yo andaba buscando ha sido el primero de los misterios sin resolver que nos deparará este país. El caso es que me lo explicó al detalle. Y siguió sumando amabilidad a la primera impresión que da la gente de aquí.

A la noche tomamos Edna y yo un taxi y nos fuimos al restaurante Miramar, junto a la bahía. Langostinos ella y bacalao con garbanzos yo. Luego, para regresar a se nos ocurrió hacerlo andando. Fueron 45 minutos de caminata nocturna por la Avenida Kenneth Kaunda, la plaza de OMM y de nuevo la Avenida de nuestro viejo conocido Lenin. Nadie nos atracó. Vladimir nos protegía. Él o la imprudencia del recién llegado.

3 comentarios:

tomares dijo...

bienvenidos a mozambique

os auguro una estancia deliciosa, y joder que bien que escribes carlitos.

un abrazo

Amaia dijo...

Jambo!!!
Que bonito saber de vuestro dia a dia en Mozambique.
Buen viaje a Pemba.
Muxu.

ainhoa dijo...

Hooooolaa!! Soy la Aino de Pasaia!!
Que espero que nuestra Ednita de toda la vida haya llegado bien a su destino, Maputo, junto con su bebito!!! y que el Charlie tenga buen viaje !!!
que zorionak pareja de dos! y que os sigan saliendo las cosas igual de genial que hasta ahora!
Un beso muy gordo y os espero en Donos!