viernes, 14 de diciembre de 2007

Nampula (2)

Arrancamos a las nueve y media de la mañana. Salir de Pemba era fácil. Sólo había una dirección hasta el primer cruce, el de Mecúfi que llevaba a la hermosa bahía de Murrebue. Seguimos de frente. Nosotros íbamos hacia el interior. Teníamos cuatrocientos veinte kilómetros por delante. El paisaje rojo de la tierra y la vegetación quemada nos acompañaba. En la carretera había que tener cuidado. Por sus bordes caminaba toda una multitud de personas. Cargaban bultos sobre la cabeza o niños en las espaldas. Los más afortunados manejaban una bicicleta.

Seguimos y poco antes de llegar al cruce de Silva Macua una palma abierta de mano policial obligó a detenernos. La autoridad de nuevo en acción. Diaz, el nieto del hechicero no estaba cerca y yo no tenía ganas de soltar ninguna mordida.

- Su carnet de conducir es europeo y aquí no sirve
- Tengo entendido que sirve mientras tramito la residencia, mientras esté con visado de turista
- Sí, pero sólo durante un mes, y usted lleva aquí un mes y dos días

Siempre me han dado algo de rabia los agentes de la autoridad apegados con tal pulcritud a la legalidad. Pero en este caso el caballero me dejaba poco margen.

- Tengo entendido que me sirve mientras tramito la residencia.
- Ahora ya no. Ahora es sólo un mes.
- Pero ¿cómo voy a sacar el carnet mozambicano si estoy de turista?

Se fue y volvió con un libro del código donde explicaba que en los países donde no se acepta el carnet de conducir de Mozambique tampoco aquí se aceptará el de ese país una vez pasado un tiempo determinado.

El “tiempo determinado” lo determinaba en ese momento ese policía. Recordé que alguien me explicó en Maputo que antes no había problema. Que uno conducía con su carnet y punto. Pero que el día en que a un guardia civil se le ocurrió retener a la esposa de un ministro mozambicano en alguna carretera de la costa mediterránea por manejar con un carnet de conducir africano se organizó cierto lío diplomático, y el gobierno de Maputo decidió aplicar la versión “ojo por ojo” en el tema del tráfico. Tiene su lógica. Así que por culpa de un pikoleto me veía ahora haciendo malabares con un policía local.

El muy “legal” funcionario nos insinuó que podíamos “arreglarlo” ahí. Edna pidió que le diese su nombre. El tipo sorprendido se negó y no volvió mencionar las “diferentes opciones” de pago de multa existentes.

De hecho nos indicó que debíamos pagarla más adelante, en el cruce de Silva Macua, donde había un puesto policial en el que nos darían una factura con la multa.

Nos despedimos y llegamos con el resguardo al cruce que conserva ese nombre porque un portugués, un tal Silva aprendió la lengua macua. Buscamos el puesto policial. Nos lo pasamos. Regresamos. La gente nos miraba. Creo que éramos los primeros buscadores de cómo pagar una multa en todo África Austral. Un policía gordo y somnoliento frente a una casa de adobe nos dio la pista de que ese era el cuartel. Paramos. Se sobresaltó y le preguntamos “¿Para pagar una multa?” Creo que el tipo imaginó que seguía soñando porque se puso en pié pero no acertó a decirnos nada hasta que una mujer policía nos indicó con el dedo que nos acercáramos. Le explicamos, le mostramos el resguardo y sin decirnos nada comenzó ha hacer la factura. A mí me picaba el gusanillo, así que le pregunté

- ¿Cuánto tiempo puedo conducir con carnet español?
- Una temporada
- ¿Más de un mes?
- Sí
- Entonces no me tiene que poner la multa porque yo llevo bla, bla bla… y estoy tramitando la residencia y bla, bla, bla, bla…

Según hablaba, ella no dejaba de escribir y ante mi desesperación, me miró por un segundo, volvió a bajar la vista para seguir escribiendo y me dijo “Cuando regrese a Pemba busque dónde está la policía de tránsito y presente una reclamación”.

Estábamos en el norte de Mozambique regateando una multa en un paraje donde una única carretera estaba delimitada por chozas de adobe y gentes caminando con colores vivos que nos miraban como diciendo “¿qué hacen estos aquí? No pegan con el paisaje”. Apenas habíamos hecho los primeros cien kilómetros y ya eran las 12 y media. La hora en la que la sombra desaparece.

1 comentario:

itxaso dijo...

Jodeeeee....pero al final llegareis a Nampula algun dia? Llevamos una semana con que saliais para allá y solo llevamos 100 km y con multa...esto de dejar al lector con la congoja encima no es serio. Una curiosidad hermanito....tu todo lo que cuentas en realidad lo vives, todo lo que vives lo cuentas o todo lo contrario? Un beso en los morros, te quiero.