martes, 29 de enero de 2008

Respondemos

Y respondiendo (muchas gracias) se abre un debate interesante. ¿Qué hacemos con una persona que necesita 36 euros para comprar los maderos que le permitan levantar el techo de su casa? ¿Qué hacemos a once mil kilómetros de distancia? ¿Qué hago yo siendo vecino?

Algunas personas han respondido que se puede abrir una cuenta para tener un mendrugo de pan migaja a migaja. Ayudar a César. No vamos a evitar la lluvia, pero con un paraguas no se mojará. Otras han pensado “Uf! No sé. A ver qué escribe la gente

Este mundo cruel y hermoso que es África provoca preguntas primarias. Te pone delante del rostro cuestiones tan radicalmente elementales, que nosotros, en nuestro temor las percibimos como demasiado complicadas.

El ochenta por ciento de los habitantes de Mozambique son César. Mucho más de la mitad de los Césares de África tienen sus casas pendientes de los índices de pobreza. Las lluvias no destrozan casas. Es la miseria la que las derrumba. Y la miseria no es un accidente atmosférico. Los pueblos no son pobres. Son empobrecidos por los que mantienen esto así. Hay nombres, apellidos, siglas. Podemos colaborar en la construcción del tejado de César. Mañana lloverá otra vez y se volverá a venir abajo. Podemos hacer un llamado a la organización para cambiar las estructuras económicas injustas que arrojan a la mayoría de los habitantes del tercer mundo a la pobreza endémica. Aquí, en Mozambique ya se hizo. Hubo una revolución. Quedan sus recuerdos arqueológicos en los nombres de las calles de Maputo. Podemos hablar de regalar peces o enseñar a pescar. Llevamos siglos haciéndolo. ¿Entonces? ¿Pasar de todo? ¿Refugiarnos en la seguridad de nuestros hogares? ¿No mirar lo que incomoda? ¿No hacernos preguntas?

La idea de abrir una cuenta es hermosa, pero evidentemente no os voy a dar ningún número. Ya hay organizaciones que lo hacen mucho mejor de lo que lo podría hacer yo. Y que van a las causas al menos tanto como a las consecuencias. Os invito a que las busquéis. Están a la vista.

Pero una cosa quiero dejar clara. Los mil quinientos meticais que le he dado a César se los he dado para mí. Para poder seguir durmiendo sin pesadillas. Para poderle saludar con la alegría de no verle hecho mierda. Para que no me pese a mí su pobreza. Para no angustiarme cada vez que llueva. Esa es la realidad.

Para luchar contra la injusticia hago otras cosas. Entre ellas contar historias. Como la de una viejita salvadoreña que ella sola ha conseguido humillar al imperio más grande del mundo. El próximo día os lo cuento. Y de nuevo, gracias por responder. Gracias por pensar.

2 comentarios:

Amaia dijo...

Y gracias a ti sobre todo por hacernos pensar.

Aitor dijo...

La solidaridad empieza por uno mismo.