jueves, 31 de enero de 2008

Felicidad

La distancia se achica en estos tiempos de tecnología mal repartida. A miles de kilómetros, recibir noticias de gentes queridas es un instante de excitación que a un mismo tiempo amaina y acelera la nostalgia. Es extraño.

Cuando conocí a Felicidad a finales de los años setenta en El Salvador nadie utilizaba el correo electrónico ni internet. Yo escribía cartas a mano a mis amigos lejanos que tardaban más de una semana en llegar a su destino y más de dos en ser contestadas. Entonces, mi héroe era el cartero.

Treinta años más tarde, Felicidad, Doña Feli es una abuela a sus casi setenta años. Trabajó toda su vida como empleada. Lisset y Susana sus dos criaturas la acompañaban allí donde fuera. En nuestra casa encontró trabajo y acomodo. Y nos hicimos de la misma familia. Se sentaban las tres a comer con nosotros en la misma mesa. Las críticas de algunos compatriotas nos llenaban de orgullo.

Meses después comenzó una guerra muy fácil de explicar. Unos pocos querían mantener lo mucho que tenían a costa de sangre y cañonazos. Unos muchos querían que se repartiera equitativamente algo más de lo nada que tenían. Fueron doce años de guerra. La guerrilla del FMLN derrotó varias veces a ese ejército genocida. Pero los Estados Unidos de Reagan y de Bush lo reponían una y otra vez provocando el mayor daño que un pueblo de gentes humildes pero decididas podía soportar.

Llegó una paz firmada por agotamiento y sobre unos acuerdos nunca cumplidos aún. Lisset y Susana crecieron y Doña Feli, poquito a poco se fue arrugando fiel siempre a una sonrisa con ojos de almendra. Años después fui a visitarla. Su alegría por abrazarme me estremeció por completo. Debería ser delito no querer a esta mujer.

El fuego cesó y la injusticia económica se mantuvo. El Salvador fue dolarizado y su vida diaria norteamericanizada. Y entonces la miseria se enfrentó con la emigración. Y el país más chiquito de América vio partir a sus hijos e hijas hacia el norte. Hacia ese mismo país responsable de tanta sangre. Y el sur de Estados Unidos fue poblándose de gentes de hablar suave, de “guanacos” compatriotas de Roque Dalton, “los eternos indocumentados, los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo…”

Y así, mientras Doña Feli seguía trabajando de casa en casa en un país sin jubilación para las empleadas y Susana bregaba contra una realidad difícil también para las mujeres jóvenes, Lisset partió y se embarcó en la única emigración posible, la que no da papeles. La que transforma en clandestinas a las personas, pero al menos le dificulta a la señora de la guadaña que venga antes de tiempo, si hay suerte. Más tarde se casó y tuvo una hija.

Felicidad quería conocer a su nieta, volver abrazar a su hija. Fue a la embajada de Estados Unidos y solicitó el visado para visitar “por unos diítas a mis niñas”. ¡Denegado! Doña Feli se hacía preguntas. ¿Porqué no me dejan ir a verlas? Y volvió a la embajada con más papeles, con nuevas súplicas. ¡Visado denegado! Y una vez más, con su hablar dulce solicitó que tuvieran compasión y… ¡Denegado! Así hasta cinco veces en tres años.

Al abrir hoy en África mi correo electrónico, he recibido desde Europa la mejor noticia sobre América.

“…Hace dos semanas Doña Feli ya no pudo mas y decidió que su corazón de madre no iba a esperar ningún papel de autorización para ponerse en camino. Hizo sus maletas, se despidió de los amigos diciendo que se iba para México a ver a la Virgen de Guadalupe y así en trayectos de bus llegó hasta la frontera con EEUU. Luego vinieron caminos polvorientos, trayectos medio escondidos, horas de tensión y de miedo. El ritmo del corazón a mil, dormir y comer en cualquier lado, y la ilusión cada vez mas grande porque avanzaba más y más en el camino y no había forma de pararla...siga Felicidad, siga, parece que lo va a conseguir.

Hace media hora Doña Feli ha llamado por teléfono para contar que llegó ya a su destino, más allá de Houston, feliz, victoriosa, radiante....dijo que hubo partes del trayecto muy duros, que le tocó cruzar en barca en ocasiones, una canoita pequeña que casi se hundía, pero que ya está con los suyos, encantada y viendo a su nieta que ya quiere caminar.

Nosotros aquí estamos de fiesta, hoy brindaremos por el coraje y la valentía de nuestra querida Felicidad....una abuelita guanaca, con las manos grandes de tanto trabajar, las canitas plateadas que le van saliendo y la hacen aún más hermosa y esos ojos negros que te miran y te regalan tanta ternura....esta abuelita ganó una batalla de amor contra el imperio mas grande del mundo.”

En estos tiempos de tecnología mal repartida multipliquemos la historia de doña Felicidad. Hoy es fiesta en tres continentes.

9 comentarios:

Ignigo dijo...

Impresionante historia que demuestra los mal repartido y organizado que esta el mundo.

Aqui nosotros rellenamos cuatro papeles como mucho, sacamos el billete e avión y nos plantamos basicamente en donde queremos, en cambio hay otros que tienen que sufrir las penurias que has relatado para poder ver a su nieta.

Aitor dijo...

Querido Karlos... como siempre historias chiquitas como esta le reconcilian a uno con el mundo.

itxaso dijo...

Tuve la enorme suerte de abrazar a Feli hace dos años, en San Salvador, nos buscamos hasta encontrarnos y ya entonces me conto con lagrimas en los ojos que le prohibian ir a ver a su hija....recuerdo que casi susurrando me dijo...no se como, pero estoy segura de que yo a mi niña la vuelvo a ver...doña Feli...tantas lecciones que hay que aprender de usted, nuestra heroina anonima!!!

SIL dijo...

Feliciadad y libertad a veces se oponen por el simple hecho de haber nacido en el país incorrecto según los levantadores de muros!!!

Hace tiempo que leo y nunca comento porque me dejas con el alma conmovida..

Otras veces me pasa lo de Aizpea..no llego leer la última...no nos das tregua!!

Escribidor de historias no dejes de cambiar el mundo con ellas..al menos estás allí y nos la cuentas!

Estuve desaparecida porque aún estoy con jet lag en el alma...pero tus histoiras me animan

gracias por compartirlas..

TKM

SIL

y zorionak por el nuevo rol de tíos!

Aizpea dijo...

Kaixo polittak! ¿como os va? hace tiempo que no os escribo y ,la verdad, ver el comentario de Sil me ha animado (hola Sil wapa!)... Yo no escribo como ella, que para algo es argentina, pero bueno, como hay confi ahí voy...

Pues nada, que yo también quería plantear una cuestión a la plaza pública y ver qué me aconsejais... el caso es que tengo unos colegas super, que se han ido a vivir a un remoto lugar de Africa y quedamos en que me iban a mandar su dirección para que yo puediera mandarles unas cositas (nada lujosas, no creais, más bien prácticas). El caso es que no hay manera de que me la manden. Yo insisto, ellos dicen que sí, pero luego no acaba de llegar. He empezado a pensar que tal vez sea porque piensan que si tengo la dirección voy a presentarme allí en cualquier momento y les voy a chafar el plan de pareja... que os parece? podéis aconsejarme?

Tambien he pensado, que puesto así, en vuestro blog, igual los susodichos lo leen y se mosquean... que horror! qué dudas!... pero es que algo tengo que hacer...

Ya ves carlos, que nuestras preocupaciones occidentales nada tienen que ver con las que planteas tú en el blog (a las que yo, la verdad, ni me atrevo a meterles mano...) peros a mi esta cuestión me tiene muy preocupada...


Muchos besos y abrazos

IndeLeble _ Ali dijo...

Me hiciste llorar de alegría mezclada con pena.
Karlos es difícil leerte pero esa es la realidad aunque a muchos les resbale Un abrazote enorme !!!!!!!

iva dijo...

Hola Karlos!!!
gracias por estas historias, es bueno ver como a pesar del poder que imponen "los dueños del mundo", hay gente como Doña Felicidad que no se amedrenta y lucha por conseguir lo escencial.

dile que tiene otra admiradora de su fuerza y su dignidad!!!!

miles de abrazos desde Montevideo

iva

Elena Tijerino dijo...

Hasta hoy leo lo que escribiste sobre la querida Felipa, la Felicidad de tu linda historia con abrazos al otro lado de la frontera...

Te escribo desde el paisito amado con la esperanza de que me recibas como al cartero de hace treinta años...

Pati

SAFIRO dijo...

Uno se queda sin palabras ante estas situaciones.
Cuanto amor y sacrificio de esa madre! y cuanto dolor se siente al imaginarla en esa travesía. Más aun sabiendo que son miles los que están en esa situación...¡cuanta desigualdad!
y queda tanto por decir...

Un abrazo