sábado, 1 de marzo de 2008

“Las ONG tienen mucho más trabajo por hacer en Europa que en África”

Con cuatrocientos euros en el bolsillo, sin papeles y sin conocidos, Nicolás Dotta, un argentino de Rosario durmió su primera noche en Madrid en la boca de un metro. Era un inmigrante más, joven y con ganas de aferrarse a sus ideales y aspiraciones. Hoy trabaja como logista en una ONG médica en Pemba. Juega en el equipo de fútbol de su barrio y a veces parece un africano más. En unos días regresa a Madrid. Ha estado aquí año y medio. Nico habla sabiendo lo que dice.



- ¿Qué diferencia hay entre la África de las imágenes que vemos en Europa y la realidad que tú has visto aquí?

No toda África es un campo de refugiados, pero tampoco hay que caer en el peligro de que se te acostumbre el ojo a la pobreza. Por mucho tiempo que estés aquí, tiene que seguir causándote enojo tanta miseria.

Cuando veo la típica foto del niño con cara triste y la ropa rota, hay que saber también que los niños de aquí son los más alegres, los más pícaros, los más atrevidos. Que tienen iniciativa y que a cualquier niño de Europa le dan tres vueltas. Porque desde que nacen se tienen que buscar la vida.

Pero, su realidad es difícil y nos causa enojo. Lo que mostraba aquella foto es verdad. Hay niños mal alimentados, descalzos, mal vestidos. Pero lo que la foto no me muestra es que a pesar de eso son atrevidos, se divierten, están todo el día activos, son muy listos.

- ¿Cómo haces para convivir con esa realidad?
Pues no es fácil. A veces también tenemos que ponernos corazas y tratar de sobrevivir nosotros mismos. Hay que saber vivir de acuerdo al contexto. Nosotros venimos acá y somos personas y vivimos una realidad. Lo que podemos hacer es mucho o poco, pero somos limitados. Tenemos que aprender a relacionarnos como uno más. Es difícil porque no somos uno más, no nos tratan como uno más, pero hay que saber encontrar la respuesta a cada situación. La gente te llega con problemas, con necesidades y nosotros no podemos involucrarnos con todo. Hay que saber cuando decir no y reconocer nuestras limitaciones. En la práctica no somos iguales, pero se trata de achicar las distancias.
- Año y medio atrás. Un argentino de Rosario de pronto en el aeropuerto de una ciudad africana llamada Maputo

No entendía nada. Lo primero que tuve fue miedo al trámite aduanero. Y después, todo nuevo. Todo te llama la atención, todo te provoca curiosidad. Y enseguida, nada más salir del aeropuerto comencé a romper estereotipos. Más llegando a Maputo. Te encontrás con una ciudad con muchos problemas pero con ciertos servicios. Cosas que ya están globalizadas, bancos, cadenas de restaurantes. Y al final, a mí Maputo no me causó tanta sensación de lejanía con Rosario. No hay tanta diferencia si no fuera por el color de la piel de las personas. Distinto es ya la situación rural de Mozambique. Pero Maputo, con cualquier ciudad sudamericana tiene mucho en común. Gente durmiendo en las calles, pidiendo en las esquinas, todo eso es algo que en cualquier ciudad sudamericana te podés encontrar. Quizá, si venís directamente de España te agarra un poco más desprevenido.

- Estuviste en Maputo tres días y te viniste a Pemba, más de dos mil kilómetros al norte.

Ahí ya fue todo distinto. Una avalancha de sensaciones. Pemba tiene estos contextos tan marcados de paraíso natural mezclado con pobreza. Es como una escenografía de teatro. Está lo que hay para el turismo, muy lindo, dos calles pavimentadas. Pero cuando te metés en los barrios ya es otra cosa. Es increíble. Entonces conocés la verdadera Pemba.


- ¿Y cual es la verdadera Pemba?

Las casas de pau-pique, techo de paja. Las mujeres yendo a buscar el agua, cocinando. Los hombres durmiendo en las camas macua. La gente caminando, otra mirando y ahí ya te das cuenta que Pemba es mucho más pobre de lo que parece. Ahí ya ves realmente cómo vive la gente, cuales son los problemas que tienen. El turista no ve esto. Quizá algo puede intuir. Yo he escuchado varias veces decir “Al final no están tan mal”. Eh! pará! ¿Porque viste a uno comprando un televisor decís que no están tan mal? O cómo estarías vos en su lugar. Si no están tan mal ¿te tomarías vos su lugar?

-Tú aquí trabajas en la cooperación. ¿Crees que la cooperación puede resolver el problema de la pobreza?

Mirá, escuchar lo que voy a decir de alguien que trabaja en la cooperación puede parecer mal o puede sonar bien porque la autocrítica es constructiva. Pero la cooperación tal cual existe hoy es parte del problema. Es una herramienta más de la Gran Maquinaria que encontró un lugar para tener contentos a los descontentos. La cooperación es una herramienta más de los gobiernos para penetrar en nuevos mercados y tener buena imagen para sus votantes que no quieren más pobreza. Y entonces dicen “nosotros mandamos un millón de euros al tercer mundo”. Pero eso es la punta de un iceberg. Y detrás de eso vienen todos los chacales. La cooperación no lo usan los gobiernos para hacer un mundo más justo. Las ONG no son tan “No Gubernamentales”. La mayoría son financiadas en gran parte por las Agencias de Cooperación. Los fondos que reciben están diseccionados a regiones y sectores prioritarios, en los cuales hay un montón de necesidades. Los problemas son ciertos. Pero lo que hay que saber es que de las Agencias de Cooperación son parte de los Ministerios de Negocios y Asuntos Exteriores.

- Pero ¿tú estás de acuerdo con la consigna del 0´7%?

¿Y porqué el 0´7 y no el 1´5?

- Si fuera el 1,5% en los parámetros que planteas el problema sería el mismo. Variaría sólo la cantidad.

Es que yo creo que mientras haya capitalismo neoliberal no habrá otra cosa. Desde este sistema llega tanta cosa mala, que cuando llega algo bueno no está mal. Ahora, si queremos ir a la raíz del problema, esa lucha empieza más en España que en Mozambique.

- Sí, pero que un porcentaje del presupuesto de un Estado de la metrópoli venga al sur ¿está bien? Es decir, independientemente de su gestión, ¿no es una obligación de los Estados del norte destinar un porcentaje de su presupuesto para el desarrollo en el sur?

Mirá, se podría hacer mucha más cooperación sin ese 0,7. Con condiciones de comercio internacional más justas. O con menos subsidios a los productos exportados. Habría montones de herramientas. Por eso, el 0,7 podría estar bien para darle presupuesto a estos países. Pero acompañado de un montón de otras políticas. El 0,7 es casi una coima, una limosna.

-¿Tú qué harías a la espera del cambio de estructuras económicas internacionales injustas y que sólo se pueden cambiar con la presión de la gente? Hasta que ese cambio ocurra ¿qué?

En la medida en que Europa es, en gran parte un espejo en que mucho del continente africano se refleja, yo creo, en serio que muchas de las luchas están allá.

- Pero la sociedad europea no está movilizada.

Ese es el problema

- No está movilizada porque no lo necesita. Su bienestar material no se lo exige.

Claro, y después se hace socio de una ONG. Porque sabe que existe otra realidad. Y piensa que con la cuota mensual lava su conciencia. Por eso digo, que las ONG tienen mucho más trabajo por hacer en Europa que en África.

- Mozambique es uno de los países modélicos para el FMI, el Banco Mundial y la estructura económica globalizada. A pesar de venir de un proceso teóricamente revolucionario de cambio de estructuras.

Sí, eso es increíble. Mozambique, hoy por hoy es uno de los países modelos del BM. Y esto tiene que ver con lo que hablamos antes de la dependencia de presupuestos. El 50% del presupuesto del Estado Mozambicano proviene de la ayuda internacional. No es el porcentaje de las ONG, que apenas será de un 2%. El grueso es de organismos de Naciones Unidas, el BM, el FMI. Y esos no le prestan dinero a cualquiera. Esos le dan a quien “se porta bien”. Al margen de que haya dirigentes mozambicanos, como hay muchos pensadores en el mundo convencidos que la respuesta a la pobreza y al hambre está en la economía de mercado.

- Tú viniste a echar una mano en la mejora de la realidad del día a día. ¿Mozambique te ha cambiado más a ti que tú a Mozambique?

Eso desde ya. Pero para ser sincero, también creo que todos los que elegimos estar acá lo hacemos por un principio solidario y porque este trabajo nos moviliza. Y por principios y por valores. Pero también venimos acá por una sensación egoísta. Nos gusta estar acá. Es el estilo de vida que elegimos. A mí me pasa eso. Sigo creyendo en mis principios en mis valores. Estoy acá para hacer algo por los demás. Pero también estoy acá por mí mismo. Hoy por hoy no se me hubiera ocurrido otra manera de vivir mi último año y medio.

- ¿Y qué elementos personales te ha cambiado el hecho de vivir aquí?

Estar acá me ha hecho valorar mucho cosas que antes quizá no les daba importancia. Por ejemplo, sí que me ha provocado mucho más desapego a lo material. Me ha hecho entender eso de vivir cada día, de no tener miedo de pensar en el futuro. Toda esa seguridad del modelo de vida que tenemos, de que uno tiene que pisar sobre seguro, tanto en lo económico como en lo profesional. Todo eso acá lo perdí. Será por ver qué rápido se puede apagar una vida que ahora vivo al día. Soy éste y quiero hacer esto.

- Para conocer África hay que mirarla largo rato. Hay mucho oculto.

Sí, es algo que a mí me apasiona y que tiene que ver con la propia cultura africana. Difícilmente a nosotros nos la muestren, pero después, poco a poco la vas descubriendo. Cómo se relaciona la gente entre ellos. Todo el tema de las creencias, de sus relaciones de poder, de su concepción de lo que es una familia y cosas que no las hablan y que ir descubriéndolas me ha parecido apasionante.

-Y además tenemos la fechizería.

Mirá, yo creo que el eje central de la cultura africana pasa por la fechizería y por el curandero. Es más fácil verlo cuando establás relación con personas de estratos sociales más bajos. Lo expresan más. Pero también me he encontrado con empresarios, con médicos hasta con personas con altos cargos en el poder, formados en Europa con master, etc, que, aunque no lo muestran, porque lo viven oculto, al final para ellos termina siendo tan importante como para cualquier vecino. Es algo que está muy arraigado en las personas.

Hay montones de cosas que a nosotros a primera vista nos resultan inentendibles. ¿Cómo puede ser eso? Al final tiene su causa o su explicación en todo lo que no vemos. Desde enfermedades hasta lo poco que se cuidan acá los bienes materiales o las relaciones entre las personas. Porque uno puede mandar a matar al otro a través del curandero. Eso fue una parte que no me gustó a mí de la cultura africana. Que el fetiche mete mucho miedo a las personas.

- Estás a punto de regresar. Te vuelves de África. Después de haber estado año y medio aquí, Con respecto a la realidad, ¿te regresas más optimista o más pesimista?

Yo creo que la esperanza no se puede perder nunca. Ya lo dijo el Che, la única lucha que se pierde es la que se abandona. Sigo convencido. Pero sí que soy más pesimista que cuando llegué. Y al final yo creo que el egoísmo, la indiferencia, la ambición, todo eso que nosotros podemos acusar a ciertas clases o gobiernos de occidente, acá también lo vas a encontrar. Porque creo que al final es innato de las personas. Sean africanas o norteamericanas. La vieja discusión de si por naturaleza el hombre es un ser egoísta o es un ser social. Yo, más bien soy pesimista. Pero lo que tengo claro es que hay montones de razones para seguir luchando. Aunque hoy por hoy si te dijera que veo un futuro esperanzador, te estaría mintiendo. Pero hay que vivir con la mayor coherencia posible con uno mismo. Al final, cada vez encuentro más gente con ganas de vivir de otra manera. Lo que pasa es que al final, todos estamos pillados, porque el sistema nos tiene agarrados. No podemos prescindir de un montón de cosas que generan esa desigualdad. Creo que, de a poquito tenemos que tratar de vivir más coherentemente y no tener miedo a desprendernos de un montón de cosas que son causa de aquello que tanto nos enoja pero que es parte de nuestra vida diaria. Es difícil, ¿no?

- ¿Contra quién jugáis el sábado?

Contra los de la aldea de Majate.

- Iré a ver el partido y de paso echaré unas fotos.

Dale, estupendo. Es increíble lo que une el fútbol. Creo que es verdaderamente el idioma universal. Poné un árabe, un chino, un blanco, un negro con una pelota y por más que no se hablen, cada uno va a saber qué rol ocupa, y se entenderán sin problema. Es maravilloso. Veintidós tipos grandes corriendo detrás de una pelota como niños.

- El futuro son los niños

Si, y nadie les puede robar la sonrisa






1 comentario:

Aizpea dijo...

kaixo maitiak...
aquí seguimos...
a pie de cañon...
aunque a veces dejéis de oirnos (de leernos), seguimos aquí...
al otro lado...
asomándonos a vuestras vidas... asomándonos a vuestras historias...
muchas de ellas enmudecedoras...

Muxu handi asko