jueves, 19 de junio de 2008

Llueve

En Maputo llueve. Lo veo a través de la ventana que tengo delante. Maputo es una ciudad en la que los árboles y el hormigón de las casas se entremezclan de una forma espontánea. Algo que le da una imagen de caos. La basura sobresale de los destrozados containers. Los más pobres se encargan de rebuscar en ella algo que pueda servir. Hoy, además la ciudad está llena de charcos.

Maputo amaneció gris, triste, húmeda, sucia…

¿Debería escribir más de Mozambique es este portal? ¿Dejarme quizá de tanta opinión?

Venir de Pemba nos varió el paisaje. Incluido el humano. En estos días me ocupo de trabajar frente a la computadora, escribir en la computadora, comunicarme con las amistades lejanas a través de esta pantalla y cuidar y facilitar la vida a Edna lo mejor que sé, más ahora que lleva otra vida dentro de ella. Me queda poco tiempo para más.

Mozambique sigue siendo un país donde las cosas son a veces sencillas. Como entrar en pronta amistad con las dependientas de una tienda por aprender tres palabras en shangana. Otras, muy complicadas. Como conseguir una bombona de butano. Días atrás me pasé cuatro horas recorriendo la ciudad. El gas se vende en la calle como las verduras o los zapatos. Pero había desabastecimiento. Al día siguiente en la fábrica central lo conseguí y durante horas fui el tipo más feliz de la ciudad.

Hoy, trabajando se me ha ido esa felicidad. La noticia del día era la aprobación en Bruselas de la Directiva de la Vergüenza. ¿Debería escribir sobre Mozambique? Maputo no es Bruselas. Pero cuando llueve sus calles se mojan igual.

Por suerte hay gente como el viejo Eduardo que escribe cosas como esta: "Todos somos africanos y emigrados. Hasta los blancos, blanquísimos. Es bueno recordar ese común origen porque el racismo produce amnesia. Conviene recordar que todos somos emigrados, ahora que la emigración es un crimen castigado".

Sigue lloviendo sobe los tejados, las palmeras y la basura de Maputo. Aunque estos dos millones de ciudadanos no existan para Europa. Galeano tiene razón, el racismo produce amnesia.

2 comentarios:

Aitor dijo...

"... o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido"

Un abrazo enorme desde esta frontera del norte.
Aitor

Anónimo dijo...

No dejes nunca de escribir sobre la realidad que te rodea.
Tu expresas de una manera formidable todo lo que otros como tu vemos pero que no somos capaces de transmitir, asi que ni se te ocurra dejar de hacerlo.
gran abrazo desde Pemba y beso enorme para Edna y el gusanillo!
Adolfo