lunes, 14 de abril de 2008

Edna se va a Maputo

El abrazo en el aeropuerto fue largo y tierno. Edna se fue a Maputo. Se despidió de Pemba sin nostalgia. A los amigos les hizo prometer que se dejarían ver por la capital y marchó sin mirar hacia atrás. Yo respiré.

A la salida del aeropuerto unos niños jugaban con el avioncito que se expone fuera. Me enternecieron esos críos. Cuando vieron que les miraba vinieron a pedirme dinero y regresé a la realidad.

El día anterior me había levantado decidido a enviar el coche en barco y largarme yo también en avión. Mi tocayo (que no me perdona parecer mayor que yo siendo un par de años más joven y que me ha facilitado enormemente el trabajo todo este tiempo en Pemba) se había alarmado cuando le comenté la posibilidad de bajar yo sólo a Maputo en coche. “¿Estás loco? ¿Tú sólo? ¿Y si te pasa algo? No puedes llamar a nadie. No tienes cobertura. Son muchos kilómetros, Karlos. No puedes bajar sólo”. Le tomé el pelo invitándole a que fuese él quien me acompañara.
Pero sabía que tenía razón. Por eso me levanté esa mañana con una decisión. Lo enviaría por barco. Fui a la oficina de aduanas del puerto. Pero todo se torció. Los trámites eran largos y complicados. Se necesitaba salvar una serie de obstáculos burocráticos que podían con la paciencia del más entrenado. Además no había ninguna seguridad de cuando y en qué condiciones llegaría el carro al puerto de Maputo.

Sentado al volante y con el motor apagado me estaba comiendo los sesos para encontrar la mejor salida cuando me sonó el móvil.

- Che, Karlos, aquí Nico
- Hombre, Nico, ¿que tal?
- Mirá estoy todo caliente con lo que me dijiste de tu viaje a Maputo. Dijiste que estarías dispuesto a esperar hasta el jueves.
- Sí, pero tu hasta el lunes no podías, no?
- Mirá te llamo por eso. Te propongo adelantar el viaje dos días. El sábado, después del último partido, al medio día saldríamos y dormiríamos ese día en Nampula, en casa de un amigo eritreo rastafari que tengo allá, ¿te hace? ¿podés esperarme hasta el sábado?

Supe que esa era la solución antes de que mi amigo rosarino terminara su exposición. Era la solución, pero no sé porqué en ese momento le dije que se lo confirmaría en un par de días. Hoy le he llamado y le he dicho que nos vamos juntos el sábado.

Al día siguiente, al regreso del aeropuerto me fui sólo a comer a un bar de la playa de Wimby y a echarle de menos a Edna. Ahí me encontré con Pedro y sus amigos, con Adolfo y Mirella, con Cristina y Nico, con Alejandro, e incluso conocí a Oihan, un nuevo cooperante donostiarra. Hablé con todos y con todos me reí. Pero seguía añorando a Edna.

Entregué la casa y me fui a dormir al apartamento de Fernando y Viola. La cama era tan grande para mi sólo que apenas pegué ojo. La risa de Edna no me dejaba.

4 comentarios:

vesna kostelich dijo...

Aquí los dos, leyendo lo que de blog va siendo novela. Salud y buen viaje, todo les va a salir bien, cariños! R & I

itxaso dijo...

Por favor, un beso de mi parte en los morros a Nico...preparate para la gran aventura de ir durante 6 dias escuchando las mil historias que un argentino te puede contar en tanto tiempo, muchas seran ciertas, otras se las inventara, jaja...pero todo vale para pasar Mozambique entero en coche. Buen viaje corazon, es sin duda la mejor decision que habeis tomado.

Anónimo dijo...

Kaixo, guapo!

Me alegro de que Edna esté ya en Maputo y me alegro también de que Nico te acompañe finalmente!!! Me quedo mucho más tranquila (y supongo que no seré la única...)
Pero sobre todo me alegro de ver que sigues echando de menos a Edna de ese modo.... Tus palabras me hacen recordaros en Punta del Diablo, paseando a lo lejos los dos por la playa, o haciéndoos unos mimos mientras cenamos en el Tranquilo...
Mil muxus, bonbon!
Maider

Aitor dijo...

Que jodío, al final te saliste con la tuya eh?... bueno al menos disfrutaremos de la aventura.
Disfruta del trayecto que muchas veces es lo mejor del viaje.
Abrazos desde un rinconcito de musgolandia.
Aitor