miércoles, 13 de febrero de 2008

Haciendo amigos

Teletrabajo. Es decir, trabajo en la distancia a través de Internet. Y estoy en la provincia de Cabo Delgado, frontera con Tanzania. Eso me ha obligado a ingeniármelas para conseguir una conexión adecuada. En casa tenemos una línea telefónica anterior a la Perestroika. Por ello, todas las mañana son una prueba se suerte. ¿Habrá energía en la oficina A? ¿en la oficina B tendrán hoy la línea libre?¿estará abierto el local C?

Aparcaba el coche pensando en eso cuando de pronto oí un ruido. Por el espejo retrovisor ví a un tipo con cara de pánico.

Bajé. Le había dado a la moto con el guardabarros y le había roto la matrícula. El hombre estaba nervioso. Mis intentos por calmarle no conseguían nada. “Disculpe, no le vi. La culpa es mía. ¿Está bien?” Sin escucharme miraba desconsolado la matrícula de su motocicleta, único desperfecto. “No se preocupe, tengo seguro y…” De pronto me miró y alarmado me dijo que no quería nada con la policía. Que el seguro demoraba todo mucho. Más de seis meses.

Estábamos en época de lluvias. En el trópico, cuando llueve no es broma. El cielo se puso más oscuro que una mina de carbón y un viento ligero fue el anticipo de un rayo al que le siguió un trueno que nos dejó sordos. La cara de mi “atropellado” me hizo ver que la magia negra no andaba lejos. Comenzó a llover como si se cayera el cielo. Y en ese instante, en ese preciso momento, como no podía ser de otra forma, apareció mi amigo Diaz. Corrimos bajo un árbol cercano.

- ¿Qué pasó don Carlos? -me preguntó con un evidente tono de burla.
- Que le he roto la matrícula a este señor. Y le estaba diciendo que mi seguro lo cubría.
- ¿El seguro? – y se echó a reír, cosa que relajó al dueño de la moto y me desconcertó a mí.
- No, don Carlos. Aquí el seguro es para cosas serias. Si usted quiere usar el seguro tiene que venir la policía, levantar un atestado y seguir un procedimiento que puede llevar meses.
- Ah, y ¿entonces?
- Déle el coste de la matrícula y ya está. Esto es…mmmm! Unos cuatrocientos meticais.

Miré al tipo. Estaba más tranquilo. Aunque tan empapado como yo. Le pregunté si le parecía bien. Me contestó que sí. Yo tenía un billete de 500 y él no tenía cambios. Le di el billete y le dije que trabajaba en la oficina de aquí al lado. Y que si le venía bien me podía traer las vueltas cuando comprara la matrícula. Nos dimos la mano. Me dijo, sonriendo por primera vez que su nombre era Silvino.

La lluvia era tenaz, pero mi humor estaba en forma. No sé, pero aquí todo es contradictorio, loco, absurdo, difícil de explicar. Llueve, todo está inundado, pero los bomberos no salen de su local. Los niños caminan descalzos, pero sus miradas son la más hermosas del mundo. El cielo es gris-miedo en esta época de tormentas y las mujeres visten unas capulanas que colorean hasta el color. Amenaza la malaria, tenemos epidemia de cólera y la gente se saluda con sonrisas y abrazos, como si Mozambique hubiera ganado la Copa de África.

Cuando llevaba dos horas trabajando con una conexión que ese día iba muy bien, llamaron a la puerta. Abrí. Silvino me traía 150 meticais que habían sobrado.

Le di la mano agradecido ya que, sinceramente, pensaba que ya no le volvería a ver.

- Muchas gracias Silvino, y de nuevo disculpas.
- Gracias a usted –me dijo-. Otro blanco se hubiera ido.

No reímos. Ahora nos vemos a menudo y nos tomamos el pelo, yo a él menos que él a mí. Aparca su moto sin matrícula cerca de mi coche. Mozambique también es así. De un accidente nace un amigo. Aunque llueva.

6 comentarios:

cris dijo...

El amigo Diaz es tu hada madrina, tu angel de la guarda.
Besos a Diaz de mi parte, por cuidar tan bien de mi amigo Karlos.

itxaso dijo...

Al final somos la mayoria de los europeos los pobres seres que no entendemos la magia de la alegria pese a la miseria, la nobleza y la dignidad a pesar de las carencias...sales del norte un ratito y te das cuenta de como en el sur se respira aire fresco.
Desde el sur de America, abrazos para Edna y mi hermano del alma.

Ricardo Tribin dijo...

Gracias por tu post. Esta muy interesante. Suerte por alla allende las fronteras.

Esther dijo...

Hacía tiempo que no teníamos noticias de nuestro amigo Diaz. Aún no lo conozco pero, es curioso, ya lo siento como parte también de mi vida...
Chicos, estoy deseando de que llegue el verano, de coger mi escoba de bruja buena y de ver con mis propios ojos todo lo que nos contáis en el blog de vuestra vida.
Muxu bana.
Esther

mahaya dijo...

Gracias por tus historias..

Umma1 dijo...

Este comentario, me hizo ir a tu perfil.

Pensé varias cosas, que sos muy joven, un español que conoció apenas los tiempos de bonanza y que no habías viajado mucho por el tercer mundo, pero veo que estuviste en Perú, en Ecuador y en Uruguay.
Esto que contás es propio de cualquier nación nación tercermundista, los acuerdos se hacen en mano, contante y sonante.

Y la alegría, la gente la conserva, porque ya que todo se le ha quitado, algo, lo mínimo debe conservar.

Pensá en Uruguay, un hermoso país, verdad? Con gente culta, extraordinariamente educada, amable, con su llama del carnaval, con sus esperanzas y sus problemas... Quien diría que los chicos comen tierra a falta de otra cosa, sobre la costa oeste, no?

La miseria es mucho mayor que el plano de los continentes, y la alegría un don, que defenderán a mordiscones.

Un abrazo