
Este blog llega a su final, como a su final llega nuestra estancia en este continente. Hoy subimos a un avión de la TAP con destino a Lisboa y Barajas.
Mucha gente ha hecho comentarios aquí. Amigos y desconocidos. Desde Donostia hasta Montevideo pasando por Buenos Aires o el mismo Maputo y Pemba, Zaragoza, San Salvador, Bilbao, etc. Este blog ha servido de desahogo personal, de experimento, de entrenamiento para otros intentos literarios.
Entre los amigos que han escrito, está Celia. A ella, tal y como dice la conocí en Quito, en unas difíciles condiciones. No se puede imaginar la alegría inmensa que me dio leer sus palabras. Doña Feli, cuya historia tanto ha cautivado a tanta gente. Mis hermanas siempre al alcance a pesar de los kilómetros. Las brujas buenas amigas de Edna que vendrán en breve aunque nosotros no estemos. Natalia y Manu, amigas colombianas y uruguayas. Pati, compañera legendaria de El Salvador rebelde. Amigos de Sevilla y de Bruselas. Aitor, con su solidaridad a prueba de inviernos. A esta ventana se asomaron colegas y desconocidos, familiares y amigos, anónimos y sorpresas. Alrededor de sesenta visitas diarias durante más de nueves meses ha recibido este espacio que no tenía más pretensión que el de la comunicación.
Pocas cosas se han tenido que silenciar. El África que hemos vivido ha estado reflejada de la manera más fiel a la realidad que siempre es más mágica que la fantasía. En ocasiones me he tragado la rabia escupiendo sobre el teclado la denuncias de injusticias tan históricas como actuales. Europa se ve diferente desde aquí. Más culpable. Más miserable. Y el romanticismo del continente de los parajes salvajes también se rompe en pedazos frente a esta gente, a sus niños que no dejan de bailar, a sus mujeres, a la alegría de la existencia. Y la apabullante facilidad para sobrellevar el dolor. Sé que voy a echar en falta el color de caminar por estas veredas. Desde ya, sé que algo de mí se queda aquí agazapado para poder seguir siendo testigo de lo mejor del ser humano. Y de lo peor. La vida en su esencia más radical.
Días atrás llevamos al aeropuerto a Viola, nuestra hermanita adorada que ha tenido que volar de urgencia a cuidar a su padre enfermo en Roma. Tanto luchar contra las enfermedades en Cabo Delgado, y ahora el dolor se ha metido en la casa de su familia. Suerte, querida.
He recibido una correspondencia de Nico, mi compañero de mateada en los caminos mozambicanos. Dice que tengo mucha suerte, porque Edna es un sol y ahora también me llega la luna.
Éste no es nuestro lugar, pero teníamos que venir. Lo que hemos visto, lo que hemos vivido, apenas es una brizna de hierba de la naturaleza imponente que es esta región.
Nora, otra amiga querida le escribió a Edna, “ahora ya sabes por qué tenías esa obsesión de conocer África. Entre otras cosas, tenías que hacer a Lua”. Otras gentes nos han regalado tantos pensamientos solidarios que, de veras, nos hemos sentido unos privilegiados de tanto recibir.
Ahora, en unas horas regresamos. Volvemos por una temporada a la metrópoli. Nuestro nuevo proyecto se centra en esta criança que está por venir. Ahora, está dentro de su madre. No sabe que está a punto de comenzar a Ser. No tiene idea de cómo es la vida aquí afuera. Yo también, a veces, tengo mis dudas. Pero algo sé. Si te dan la oportunidad hay que vivirla. En eso me centraré ahora. En darle esa oportunidad a mi hijo. En hacer que viva la vida. Y en poner de mi parte todo para que sea buena gente. Este pequeñajo medio africano llamado Lua.
Gracias por estar ahí. Esta ventada queda abierta. La vida sigue.
Un abrazo.